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filosofía práctica: cómo vivir mejor (o casi)


MI ENEMIGO EL POLITICO,

o cómo la clase política se está convirtiendo en el peor enemigo del ciudadano en los sistemas democráticos.

Jesús Ángel Martín Martín

Valladolid, abril de 2012

Mi intención es recoger una serie de razones que avalan la idea principal de este artículo: que los políticos no están al servicio del pueblo, sino que se han convertido en una clase institucionalizada y profesionalizada con intereses propios y que estos intereses entran en conflicto con los del resto de ciudadanos; en definitiva, que gobiernan en primer lugar pensando en su propia casta, mientras que los intereses del país pasan a un segundo plano. La clase política es una clase improductiva y utiliza los recursos del país para su propio beneficio. Prueba evidente de ello es que los partidos mayoritarios solo se ponen de acuerdo para subirse sus propios sueldos, pero nunca llegan a ningún acuerdo por el interés nacional. Este hecho, en el que la mayoría de los ciudadanos coincidiría, al menos si se piensa un poco, tiene consecuencias importantísimas para la vida de la gente y para el futuro de un pueblo. Últimamente estamos oyendo hablar de política económica hasta en la sopa; en concreto nos bombardean a diario con la crisis, las causas de la crisis y los remedios para la crisis; y que si los españoles hemos vivido por encima de nuestras posibilidades; en fin, todo eso. Pues bien, los únicos causantes de la crisis han sido nuestros políticos; los ciudadanos hemos hecho lo que nos mandaban, o sea, los de siempre, trabajar.

Si observamos lo que ocurre a nuestro alrededor, al menos en España, al punto nos damos cuenta de varias cosas:

La supremacía de la casta

Una de los oficios más prósperos en la actualidad es el de político; tiene su propio currículo y en él no cuentan mucho las destrezas administrativas o las habilidades intelectuales, como podrían parecer a primera vista, sino que se valora más la sumisión a la jerarquía, la demagogia y la fidelidad a la causa, o al partido.

En la crisis actual se están llevando a cabo recortes y medidas de ahorro que afectan a los ciudadanos, en algunos casos de manera drástica. Y sin embargo los sueldos de los que viven de la política no se ven afectados, más aun, continuamente proliferan cargos como los cientos de asesores, los directores generales, los menos generales, los secretarios, vicesecretarios, etc. Al hacerse más compleja la institución también se hace más caro su mantenimiento, con lo que las partidas presupuestarias destinadas a ese capítulo crecen a un ritmo bastante mayor que los recursos. Ya se oyen voces en contra de las autonomías y como propuesta de solución de la crisis porque sería una forma importante de ahorro; sin embargo los que las gestionan lucharán con uñas y dientes por su pervivencia y por el mantenimientos de las instituciones autonómicas puesto que en ello les va su futuro. Además, las autonomías se han ido complejizando y su desmantelamiento resulta cada vez más difícil. Mantenerlas implicará, tarde o temprano, el desmantelamiento del estado el bienestar. Sin embargo estoy seguro de que se les exigirá a los ciudadanos este sacrificio antes de que los políticos acepten el suyo propio.

Esta idea, que resalta la perversión fundamental de la política al perder de vista el fin para el que nació, puede aplicarse con la misma exactitud al sindicalismo; hoy sería como el hermano pobre de la política, que vive de los mismos recursos y que trabaja para el mantenimiento de sus privilegios, instituciones y liberados en primer lugar, y sólo se acuerda de los trabajadores de vez en cuando para justificar su existencia.

Las leyes que hacen los políticos que legislan siempre benefician en primer lugar a la clase política o a las instituciones en las que se apoyan; cuando se tienen en cuenta los intereses de los ciudadanos se trata de medidas que indirectamente también beneficiarán a la clase encargada de administrar la ley. Pero sucede que cada vez hay más políticos. El desarrollo de las autonomías ha producido un aumento exponencial de políticos y, claro, tienen que ganar dinero, y ganan bastante, pero además tiene que gastarlo, y gastan bastante. Quiero decir que cada ministerio o cada consejería, en las autonomías, tiene un sinfín de directores, secretarios, administrativos, etc. que gestionan dinero público; su existencia se justifica en función de los servicios que prestan. Por ello tienen hacer decretos y leyes a diario, y repartir dinero. En resumen, que sobran políticos, y sobran muchas de las leyes que hacen los políticos y que no sirven más que para hacer más compleja y más inaccesible la normativa legar a los ciudadanos.

El enfrentamiento entre los ciudadanos como recurso

Cada día se oyen más voces en contra de los políticos y su valoración popular es cada vez peor. Pero la clase política lucha por sus privilegios; nadie gana tanto trabajando tan poco. Una de las formas de supervivencia que está desarrollando la clase política es el enfrentamiento entre clases sociales para que la sociedad no se enfrente a ellos. Un caso paradigmático es el tratamiento de los funcionarios. Hace unos meses el gobierno puso en el punto de mira a los funcionarios, señalándolos como los responsables de la crisis y amenazándolos con bajadas sueldo. El resto de los ciudadanos se frotaron las manos, y la envidia y el resentimiento hicieron su trabajo. Se les bajó el sueldo y la crisis siguió agudizándose, pero la estrategia dio sus frutos.

Hay otra forma de enfrentamiento entre ciudadanos más antigua, que ha sido impulsada desde la política, sobre todo desde el nacimiento de los políticos autonómicos; es la que enfrenta a los ciudadanos de unas regiones con otras. Me explico, yo soy del Madrid; siempre me ha gustado ver ganar al Madrid y, claro está, verle ganar al Barcelona también; pero antes, cuando el Barcelona jugaba en competiciones europeas me gustaba verlo ganar; sin embargo ahora me gusta verlo perder incluso cuando juega fuera de España; imagino que la perspectiva contraria es la que domina en Cataluña. ¿Qué es lo que ha cambiado en los últimos años para se produzca este cambio emocional? Pues creo que lo que está detrás es el sentimiento regionalista y hasta independentista que los políticos han fomentado por oposición al que es de otra comunidad, al que es distinto. No voy a entrar en las razones pero parece claro que estos sentimientos benefician más a los políticos que los instigan que a los propios ciudadanos.

La educación.

Creo que todo el mundo estaría de acuerdo en que el futuro pasa necesariamente por la calidad de la educación. Pues bien, las leyes sobre educación que hacen nuestros políticos consiguen, de hecho, deteriorarla cada vez más; cada nueva ley de educación consigue que descienda aún más el nivele educativo de los jóvenes. Cuando uno se plantea el porqué no cabe más que una hipótesis: los sucesivos gobiernos quieren mantener la situación actual porque les beneficia, y nada mejor para ello que ciudadanos incultos, mansos y borreguiles, fáciles de manejar con pequeñas subvenciones en vez de ciudadanos críticos, dueños de sus ideas y de sus vidas. El ideal ilustrado de la educación, que consideraba la formación y la cultura la base para poder participar en una sociedad democrática, parece que nunca como hoy ha estado tan alejado de aquel proyecto.

Mentiras y Corrupción

Cuando pensamos en política hoy en día parece que todo el mundo ve de forma natural que los políticos mientan; mienten en campaña electoral y lo vemos normal porque la campaña electoral es propaganda; es como la publicidad para los productos de consumo. Pero mienten habitualmente como parte del ejercicio del poder.

La corrupción también forma parte consustancial de la política, y vemos que los casos que trascienden afectan por igual a los miembros de los dos grandes partidos; creo que más o menos conscientemente todos sabemos que la corrupción está instalada en la clase política con pocas excepciones y que sólo se trata de que no sea descubierta; y si lo es pocas veces llegan los casos a la justicia. Sólo cuando un caso tiene mucha repercusión en la opinión pública los propios partidos aceptan que los implicados paguen un precio político por ello, pero lo hacen como último recurso y sólo mantener su estatus.

Uno de los problemas más graves que lleva implícitos la democracia consiste en que la planificación política se lleva a cabo con vistas a los cuatro años de gobierno. Un partido político que está en el poder trabaja para su propio lucimiento mientras está gobernando, nunca planifica para el futuro del país a largo plazo; y, a veces, hipoteca el futuro en aras de un éxito fácil a corto plazo. No voy a decir que esta es la causa de la actual crisis económica, pero este problema que menciono sí que tiene mucho que ver con ella. El déficit público no ha surgido de la nada; es cierto que lo tiene y lo padece la gente de a pié, pero también es cierto que son los gobiernos los que en su momento lo han autorizado y los que lo han gestionado, y cuando ya es escandaloso e insostenible, trasladan al pueblo sus responsabilidades. Y este problema se agrava cuando no hay un cierto grado de honestidad y responsabilidad en la política.

La existencia de la política es inevitable, y también la existencia de los políticos, pero una de las tareas más urgentes actualmente es depurar las instituciones políticas. Hay que establecer una clara diferencia entre las instituciones necesarias y las no necesarias, los políticos necesarios y los que deben ponerse a trabajar. EL criterio es muy claro, el fin de la política es el bien común; cuando la política redunde en beneficio comunitario se justificaría, cuando esté guiada por el interés del político o de su partido no. Los ciudadanos deben exigir responsabilidades a sus gobernantes por lo que hacen o dejan de hacer en el ejercicio de sus cargos. Ni su cargo, ni el dinero público les pertenecen y no tiene carta blanca para su uso; están ahí por delegación de la ciudadanía y deberían responder de la forma en que ejercen sus cargos.

Daniel Montero publicaba, no hace mucho, un libro sobre la clase política titulado La Casta. En él pone de manifiesto que lo de ser político en España es un chollo; que no se sabe cuántas personas con cargos públicos cobran de las arcas de Estado, ni lo que cobran globalmente; que tampoco se conocen las cifras de absentismo laboral de estos ‘trabajadores’, aunque se intuye. Se sabe que despilfarran cantidades astronómicas en dietas, viajes y coches oficiales y que tienen privilegios que el resto de los ciudadanos no alcanzamos ni a soñar…

Creo que los nacidos en el siglo XXI van a estar oyendo hablar de la crisis mientras duren sus vidas; el caso es que oír hablar de política y de economía política es cada día más habitual y cada vez conozco a más gente a la que asquea el tema y es porque un gran número de gente coincide en muchas de las ideas anteriores; la gente empieza a darse cuenta de que los políticos anteponen sus intereses personales a su verdadera función, que es el servicio público; por ello creo que en un futuro más o menos lejano aumentarán las voces que hoy ya denuncian esta situación; los ciudadanos tomarán conciencia de quién es su verdadero enemigo y lucharán contra la explotación de la que estamos siendo objeto, pero ese ya es tema para otro capítulo.

Estoy casi seguro de que si no hay una regeneración moral de la clase política, cosa que dudo, la democracia no permitirá solucionar estos problemas que ella misma ha creado, y si continuamos este camino de deterioro social y económico habrán de surgir alternativas distintas a las estrictamente democráticas, de tintes más radicales, como ha sucedido ya en otros momentos de la historia no muy lejana.