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página de filosofía de jesús ángel martín

materiales didácticos

FREUD: esquema de su pensamiento (pps)

FREUD: esquema de su pensamiento (pps)

Las instancias psíquicas de la personalidad

Las nociones que tenemos de este aparato psíquico las hemos adquirido estu­diando el desarrollo individual del ser humano. A la más antigua de esas provincias o instancias psíquicas la llamamos ello; tiene por contenido todo lo heredado, lo innato, lo constitucionalmente estableci­do; esta parte

Bajo la influencia del mundo exterior real que nos rodea, una parte del ello ha experimentado una transformación par­ticular.

El yo persigue el placer y trata de evitar el displacer. Responde con una señal de angustia a todo aumento esperado y previsto del dis­placer, calificándose de peligro el motivo de dicho aumento, ya amenace desde el exterior o desde el interior. Periódica­mente el yo abandona su conexión con el

Como sedimento del largo período in­fantil durante el cual el ser humano en formación vive en dependencia de sus pa­dres, fórmase en el yo una instancia especial que perpetúa esa influencia parental y a la que se ha dado el nombre de super-yo. En la medida en que se diferencia del yo o se le opo

De idéntica manera, en el curso de la evolución individual el super‑yo incorpo­ra aportes de sustitutos y sucesores ulte­riores de los padres, como los educadores, los personajes ejemplares, los ideales venerados en la sociedad. Se advierte que, a pesar de todas sus diferencias fundamen­tales, e

Este esquema general de un aparato psíquico puede asimismo admitirse como válido para los animales superiores, psí­quicamente similares al hombre. Debe­mos suponer que existe un super‑yo en todo ser que, como el hombre, haya tenido un período más bien prolongado de dependencia infantil...

El super-yo puede plantear, a su vez, nuevas necesidades, pero su función principal sigue siendo la restricción de las satisfacciones.

...grandes partes del yo ‑y, ante todo, del super‑yo, al que no se pue­de negar el carácter de preconsciente‑, por lo general permanecen inconscientes en el sentido fenomenológico. Ignoramos por qué esto debe ser así.

Lo inconsciente es la única cualidad dominante en el ello. El ello y lo incons­ciente se hallan tan íntimamente ligados como el yo, y lo preconsciente, al punto que dicha relación es aún más exclusiva en aquel caso. Un repaso de la historia evolutiva del individuo y de su aparato psíquico nos pe

La represión y los mecanismos de defensa.

Denominamos instintos a las fuerzas que suponemos tras las tensiones causa­das por las necesidades del ello.

Hemos comprobado que los instintos pueden trocar su fin (por des­plazamiento) y que también pueden sus­tituirse mutuamente, pasando la energía de uno al otro, proceso éste que aún no se ha llegado a comprender suficientemen­te.

Tras largas dudas y vacilaciones nos hemos decidido a aceptar sólo dos instin­tos básicos: el Eros y el instinto de des­trucción. (La antítesis entre los instintos de autoconservación y de conservación de la especie, así como aquella otra entre el amor yoico y el amor objetal, caen todavía dentr

En las funciones biológicas ambos instintos básicos se antagonizan o combinan entre sí. Así, el acto de comer equivale a la destrucción del objeto, con el objetivo final de su incorporación; el acto sexual, a una agresión con el propósito de la más íntima unión.

Al establecerse el super‑yo, considerables propor­ciones del instinto de agresión son fijadas en el interior del yo y actúan allí en for­ma autodestructiva, siendo éste uno de los peligros para la salud a que el hombre se halla expuesto en su camino hacia el desarrollo cultural. En general, cont

Una carac­terística de la libido, importante para la existencia, es su movilidad, es decir, la fa­cilidad con que pasa de un objeto a otros. Contraria a aquélla es la fijación de la li­bido a determinados objetos, que fre­cuentemente puede persistir durante la vida entera...