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página de filosofía de jesús ángel martín

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La Personalidad:

 


Los test de personalidad

Principales diferencias entre hombres y mujeres

 


          

                LA MEDIDA DE LA PERSONALIDAD. Los Test.

 

 

                Test significa prueba. Una de las razones por las que se utilizan test de personalidad es para ayudar a la gente a resolver sus problemas, para lo cual se requiere un diagnóstico sobre ellos; también para asesorar a las personas sobre distintos asuntos: en la elección de carrera, de tra­bajo, para orientar­los en sus problemas en las rela­ciones sociales o para tomar otras decisiones importantes. También los utilizan los directi­vos de las empresas para selec­cionar al personal adecuado al tipo de tra­bajo que se requiere, o incluso el ejército.

 

                Otro objetivo de estos test es la investigación básica. Midiendo distintos aspectos de la personalidad los investigado­res elaboran teorías, clasificaciones o la efectividad de los distintos tipos de tera­pia...

 

                Para saber la validez de un test de personalidad tiene que conducir a los mismos resultados aplicado al mismo sujeto varias veces en distintas circunstancias. Además se supone que mide aquellos aspectos que pre­tende y no otros.

 

                Los dos tipos fundamentales de test de personalidad son los OBJETIVOS y los test SUBJETIVOS, basados en técnicas proyectivas. Los test objetivos pueden ser cuestionarios, como el MMPI o el de Cattell, y escalas de evaluación de síntomas. Estas escalas explo­ran y evalúan la presencia y grado de inten­sidad de distintos síntomas, como la depre­sión, la ansiedad u otros síntomas psiquiá­tricos, aislados o en conjunto. Se pueden aplicar al paciente directamente o contes­tarlas un especialista que conoce los sínto­mas en ese paciente. Tienden a cuantificar los síntomas propios de la enfermedad men­tal. Los cuestionarios tienden a la máxima objetivi­dad a través de varios items.

 

                El MMPI (Inventario Multifásico de la Personalidad de Minnesota) utiliza 550 items divididos en dos grupos; el primero formado por cuatro escalas que comprueban la validez global de las respuestas dadas, y el segundo formado por diez escalas clínicas que mues­tran los rasgos específicos (histeria, de­presión, para­noia...) A pesar de todo ha tenido varias críticas como que la muestra que se utilizó para standarizarlo fue peque­ña y que hoy queda desfasado, etc.

 

            Cattell (16pf) estudió una amplia muestra de personas; a través del análisis factorial dedujo la existencia de 16 rasgos para definir la personalidad. De ellos tres son los más importantes: la introversión-extraversión, la emotividad-estabilidad y la inteligencia.

 

                Entre los test proyectivos, o subje­tivos figura el de Rorschach. Consiste el mos­trar al sujeto diez láminas con manchas

de tinta realizadas al azar y preguntarle qué ve en ellas. El examinador elabora un informe de las respuestas que da el indivi­duo, incluyendo gestos, comenta­rios, etc. Después pregunta sobre las respuestas dadas con intención de clarificarlas. Las respues­tas se evaluarán en distintas dimensio­nes: localización (de qué parte de la lámina habla), contenido (qué es lo que vio), vul­gari­dad (nivel de coincidencia con otras personas, etc. Por fin se hace un diagnósti­co. La fiabili­dad es discutida por el gran número de elementos subjetivos que influyen en las respuestas. Además el grado de prepa­ra­ción de examinador influye en la interpre­ta­ción. En cualquier caso parece más indica­do para medir el estilo cogni­tivo de una perso­na que sus problemas psíquicos.

 

            El Test de Apercepción Temática (TAT) consiste en mostrar una serie de láminas con distintas escenas. Se pide al sujeto que describa lo que están pensando y haciendo las personas que están en ella; lo que hi­cieron antes y lo que harán después. Los rasgos de la personalidad del individuo se analizan de acuerdo con los rasgos del per­sonaje de las historias con las que se iden­tifica. También se considera significativo las necesidades básica que el sujeto descri­be, las tensiones ambientales y, en general, la historia y el resultado final.

 

                También se utilizan entrevistas, unas altamente estructuradas y otras que lo son menos, atendiendo a los caminos que se van abriendo en el proceso...

 

                El peligro de estos test es que caigan en manos inadecuadas o que sean administrados o interpretados por personas no cualificadas. Igualmente que la información que resulta de ellos pueda ser manipulada. De estas situaciones se derivan considera­ciones éticas importantes.

 

 

 

BIBLIOGRAFIA.

 

. PAPALIA y W. OLDS. Psicología. México. Ed. McGraw-Hill     1987

. VALLEJO-NAGERA y OTROS. Guía práctica de Psicología.       Madrid. 1988

 

 


 

Las principales cosas que nos hacen diferentes

En muchos aspectos los sexos se parecen: que una persona sea hombre o mujer no influye a la hora de sentarse, que le crezcan los dientes o aprenda a caminar. Tampoco informa sobre su nivel de inteligencia, su capacidad para desarrollar una actividad profesional o su grado de felicidad.

Pero, de entrada, ser hombre o mujer conlleva diferencias obvias e incuestionables, marcadas por la fisiología y la anatomía. Así, comparada con el hombre medio, la mujer tiene un 70 por ciento más de tejido adiposo, un 40 por ciento menos de tejido muscular, es 12,5 centímetros más baja y posee un corazón 50 gramos más 1 pequeño. La anatomía de las mujeres las capacita para acomodar durante nueve meses a un feto humano, dar a luz y amamantarlo. Comparados con las mujeres, los varones ingresan en la pubertad dos años después, se les ensanchan los hombros, su cara y cuerpo se cubre de vello y su voz se vuelve más grave: la mitad padece calvicie hacia los 50 y, según el país, pueden morir hasta diez años antes. Como consuelo, tienen doble probabilidad de poder mover las orejas.

En casi todas las especies, machos y hembras tienen comportamientos y cualidades diferentes, y los humanos no somos una excepción. Y, ya desde la antigüedad, las diferencias entre ambos sexos han suscitado un mayor interés que las semejanzas.

Psicovariedad

Por ejemplo, la psicología determina desde todas sus ramas diferencias de comportamiento suficientemente relevantes y contrastadas. Las mujeres pueden experimentar excitación sexual inmediatamente después del orgasmo, tienen mayor capacidad de percibir olores débiles y sufren diez veces más trastornos de alimentación que los hombres (nueve de cada diez personas anoréxicas son chicas).

Su salud mental es también más vulnerable. Según afirma la doctora Rosa Sender, psiquiatra y profesora de Psicología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, "las mujeres tienen una mayor estadística de patología ansiosa y depresiva. Compaginar los dos trabajos -el doméstico y el de fuera del hogar- hace que padezcan más estrés, ya que se angustian más que los hombres por factores del entorno".

La OMS (Organización Mundial de la Salud) señala en este punto que por cada diez hombres con problemas de depresión grave existen hasta 35 mujeres en la misma situación, cifra que puede llegar a dispararse hasta 48 en el caso de las depresiones crónicas. El entorno social, en forma de aislamiento o violencia física o sexual es, según la OMS, la causa de que ellas sean más vulnerables a estas patologías.

Por su parte, los hombres tienen triple probabilidad de llegar a ser alcohólicos y a suicidarse, y es mucho más frecuente que se les diagnostique como hiperactivos en la infancia o que desarrollen personalidades antisociales en la edad adulta.

Está comprobado que los criminales más o menos violentos presentan un promedio superior al normal en los niveles de testosterona. Ello apunta a que esta hormona sería la responsable de que los hombres demuestren en general una conducta más agresiva que las mujeres.

En lo social, las mujeres dan prioridad a las relaciones. Ya de pequeñas, tanto en el juego como en los posteriores medios de relación, son más abiertas y empáticas que los chicos a la comunicación: su sensibilidad no verbal las hace más eficaces para poder interpretar los sentimientos y el estado de ánimo ajeno.

¿Biología o cultura?

Pero ¿pensamos y actuamos de forma diferente en función de nuestro sexo biológico, o las diferencias vienen marcadas por nuestro entorno cultural? Ambos están íntimamente relacionados.

Ocho semanas después de la concepción, es imposible distinguir anatómicamente un sexo del otro: los dos tienen pezones, aunque sólo las mujeres llegarán a amamantar. Después, los genes activan nuestro sexo biológico: los cromosomas XY dirigen el desarrollo de un varón, y los cromosomas XX producen una hembra. Los testículos del embrión masculino se forman internamente y empiezan a segregar testosterona, la principal hormona sexual masculina. Ésta desencadena el desarrollo de los órganos sexuales masculinos externos. En el caso contrario, el embrión sigue su curso formando los órganos sexuales femeninos.

Tipificación social

Estas características hormonales, que provienen de las diferencias sexuales determinadas biológicamente, contribuyen a la explicación de nuestras desigualdades físicas.

Pero lo que la biología promueve, la cultura lo acentúa. Según el antropólogo Josep Maria Fericgla, "partimos de unas diferencias obvias que la cultura modela. Cada sociedad escoge factores que tienen que ver con pautas de comportamiento, formas de relación, características de personalidad y asigna unos a los hombres, y otros a las mujeres". Son códigos culturales diferenciados que comportan algunas conductas distintas.

Hacia los tres años, los niños comienzan a organizar el mundo sobre la base del género. Los psicólogos señalan que, incluso en familias que no alientan la tradicional tipificación de los sexos (rosa/azul, muñeca/coche...), los niños se organizan en un mundo de varones y ellas en un mundo de niñas, guiados por la observación del padre de su mismo sexo. El idioma también ayuda, por ejemplo con el uso pronombres: él/ella...

Sin embargo, nuestros estereotipos son cada vez más variables. Según Fericgla, autor del libro El juego de poder entre hombres y mujeres, "hay un cambio de valores sociales y culturales que incide en códigos de diferenciación sexual". El hecho de que las mujeres sean hoy en día independientes y tengan un trabajo propio o que los hombres presenten mayor flexibilidad de carácter eran antes atributos del sexo contrario.

Ellas no se jubilan

Uno de los puntos que experimenta menor variación es diferencia entre nuestras longevidades: en todos los países del mundo, las mujeres viven más. Además de un aspecto hormonal de protección, existe también un importante componente psicosocial. "Las mujeres no se jubilan nunca" señala Sender. "Incluso cuando llegan a la vejez, siguen siendo muy activas, coordinan, piensan y ejecutan, mientras que los hombres jubilados se convierten en personas más sedentarias."

En resumen, toda la lista de nuestras similitudes y diferencias hace que hombres y mujeres sean las dos mitades de la concha de una ostra: son similares pero no idénticos, igualmente importantes pero adaptados uno al otro porque crecen y se relacionan juntos.

Ni son mejores ni peores, sino solamente diferentes.

¿Funcionan ambos cerebros de la misma forma?

En 1995, un equipo de la Universidad de Pensilvania encabezado por el neuropsiquiatra Ruben Gur, evidenció, por primera vez, que la anatomía y fisiología cerebral determinan algunas diferencias en el comportamiento de los sexos. En declaraciones a CNR, el doctor Gur explica que "medimos el volumen cerebral implicado en las habilidades y tareas intelectuales, y encontramos que las distinciones entre los sexos están relacionadas con las diferencias en las estructuras del cerebro y su actividad". Su experiencia constató, según Gur, que los hombres tienen mayor actividad en la región límbica de este órgano, mientras que en las mujeres era la región cingular la que consumía más energía. La límbica se considera anterior en nuestra escala evolutiva, y la cingular "está involucrada en un nivel superior del proceso emocional, en los procesos simbólicos y verbales".

"Así -apunta Gur-, ellos se desenvuelven mejor en actividades espaciales y motoras, mientras que las mujeres en tareas que requieren funciones ejecutivas, abstracción y flexibilidad mental, y memoria verbal. Además, este investigador confirma que los hombres pierden atención y habilidades de memoria incluso entre los 18 y 45 años, mientras que ellas no demuestran pérdida de tejido cerebral con la edad. Según él, esta diferencia podría deberse a los efectos protectores de los estrógenos.

Gur señala, sin embargo, que no puede considerarse que haya un diferente nivel de desarrollo cerebral entre ambos sexos. "Somos de la misma especie, y las similitudes entre nuestros cerebros pesan más que las diferencias. Lo único que podemos certificar es que, en el plano de inteligencia emocional, los hombres muestran más actividad en la parte más primitiva y las mujeres en las partes nuevas del cerebro", concluye Gur.